Queridos hijos:
gracias por reuniros aquí para esta oración que me es tan querida, y gracias por responder a Mi llamado en vuestros corazones.
Hijos míos, soy vuestra Madre, y os pido que recéis fervientemente, dadas las pruebas y tribulaciones del mundo.
Hijos míos, cuando San Pablo habló de los muertos, no se refería solo a vuestros familiares o amigos que han partido a otro lugar, sino que hablaba en un sentido más amplio: se refería a aquellos que no tienen a Dios dentro de sí. Son aquellos que no viven con Dios y para Dios; estos son los muertos que aún están vivos.
Por eso os digo que ahora es el momento de trabajar juntos codo con codo, para que el nombre de Jesús resuene en todo el mundo, en cada familia e iglesia doméstica.
Queridos hijos, Mi Jesús no os dejará solos si estáis preparados para esta batalla mientras esperáis Su venida como Rey y Juez.
Ahora os dejo con la Esperanza en vuestros corazones y con Mi Bendición Maternal, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Recad, pues un poderoso terremoto sacudirá Italia.
Reflexión sobre el mensaje:
Nuestra Señora nos invita una vez más a rezar fervientemente por las dramáticas situaciones que afligen al mundo y, sobre todo, nos recuerda la condición interior de tantas personas que son como muertos vivientes; es decir, viven sin Dios, entregados a las obras de la carne, como dice San Pablo.
La única salvación está en el nombre de Jesús; por eso es importante proclamar Su palabra a todos. Al pedirnos que trabajemos codo con codo, Nuestra Señora nos recuerda que somos las manos de Jesús extendiéndose hacia este mundo.
Convertémonos nosotros también en apóstoles, con la certeza, dada por nuestra Madre Celestial, de que Jesús estará con nosotros si estamos dispuestos a luchar por Él.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org