Hermanos míos y hermanas mías,
hoy quiero enseñaros la diferencia entre los creyentes y los crédulos.
Creer no significa ser crédulo. Creer es aceptar y comprender, a la luz de la razón, lo que os dicen los Santos.
Creer es entender la luz de la Gracia, que os traje llena y abundante cuando todo estaba en tinieblas. La credulidad es necia. La fe es santa, porque significa tener un espíritu obediente a los misterios del Señor.
Bienaventurados aquellos que no cambian su fe.
Bienaventurados aquellos que permanecen fieles al Señor.
Las cosas, todas las cosas, sean sobrenaturales o naturales, se revelan en una luz de verdad desconocida para los incrédulos, y el alma se eleva en amor, paz y seguridad.
Es difícil describir con palabras humanas lo que es la Fe en un corazón. Y ni siquiera aquellos que creen pueden comprender plenamente qué abismo de terror y oscuridad es un corazón privado de Fe.
Pero nunca juzguéis a vuestros hermanos incrédulos. Enmendad sus negaciones. Recordad, hermanos míos, que yo solo juzgo, yo solo condeno, yo solo recompenso.
¡Ojalá supierais cuánto os amo! Os amo tanto que para salvaros morí por vosotros, por todos vosotros. Y no podéis darme mayor alegría que la de salvar vuestra alma y permitirme salvarla.
Y no me causáis mayor dolor que el querer perder vuestra alma rechazando mi don salvador.
Reflexionad sobre estas palabras, vosotros que os creéis todo y capaces de hacer cualquier cosa sin Mí.
Ámame, consuélame y ofréceme tu todo y tu nada!
Tu Jesús.
Reflexión sobre el mensaje:
¿Cuántos momentos de nuestras vidas están empapados en lágrimas y desesperación? ¿Con qué frecuencia dudamos del amor de Dios e incluso de Su existencia simplemente porque estamos en dolor, abandono y sufrimiento?
Jesús, hoy más que nunca, nos invita a reevaluar esos momentos y a reflexionar sobre el gran don de la Fe, que es Luz lista para iluminar las tinieblas de aquellos momentos sin sentido que a menudo nos llevan a pensamientos de desesperación.
Jesús quiere salvarnos y sacudirnos de nuestra incredulidad, diciéndonos: Te amo locamente y me dejo matar por ti; no os perdáis, permaneced en Mí, conmigo, y vivid para Mí!
Que Su Amor nos consuele este día, descendiendo como bálsamo sobre nuestras heridas.
Fuente: ➥ LaReginaDelRosario.org